Mujeres abusadas por violador de Isla Verde relatan sus odiseas

Mujeres abusadas por violador de Isla Verde relatan sus odiseas


Cruz Rivera está acusado por usar un arma de fuego durante la comisión del delito de carjacking. (horizontal-x3)

Cruz Rivera está acusado por usar un arma de fuego durante la comisión del delito de carjacking. (José "Pipo" Reyes)

“¿Tú eres loca? Te puedo matar ahora mismo”.

Esa fue la amenaza que le hizo el hombre que portaba un arma de fuego cuando una temerosa joven intentó salir de su carro para librarse de un imprevisto atraco.

Presa de pánico, la mujer dijo que se mantuvo en el interior del vehículo mientras el desconocido la haló y le ordenó que se moviera al asiento del pasajero.

El relato es parte del testimonio que ofreció hoy, miércoles, la persona identificada como la tercera víctima de los carjackings por los que se ha acusado en el Tribunal Federal a Carlos Cruz Rivera, apodado Cano Lloréns.

Previo a su declaración en la sala del juez federal José A. Fusté, otras dos mujeres también relataron los momentos de terror que vivieron al ser víctimas del pistolero.

La víctima número tres en el caso narró la odisea que vivió la noche del 18 de julio hasta la madrugada del día siguiente, cuando el ahora acusado se metió en su carro, apuntándole con un arma y la mantuvo rehén, llevándola por varios lugares e incluso conduciéndola a un motel donde la violó.

Cruz Rivera está acusado por usar un arma de fuego durante la comisión del delito de carjacking y durante el segundo día del juicio en su contra, la joven testigo de 24 años explicó que en la citada fecha, a eso de las 11:00 p.m. un hombre entró por la puerta trasera de su carro mientras esperaba a un amigo, estacionada frente a un hotel en la avenida Isla Verde.

“Entra con un arma de fuego, apuntándome en la cara y me dice que no lo mire, que no gritara, que no hiciera nada", dijo. Después de su abortado intento de escapar, el desconocido le instruyó que pasara al asiento del pasajero y él comenzó a guiar su Honda Fit, relató.

Declaró que en ese momento, su amigo la llamó y ella dejó la llamada abierta, con el celular escondido "para que escuchara lo que estaba pasando". Precisó que se mantuvo agachada, mientras él desconocido le apuntaba con el arma a la cabeza.

Dijo que el hombre le preguntó cuánto dinero tenía en su cuenta y le respondió que como $50. Describió su tono de voz como "agresivo, intimidante". Luego le pidió que se recostara en el asiento y que cubriera su rostro con una camisa que había en el vehículo.

Narró que llegaron al cajero automático del Banco Popular del centro comercial Los Colobos, en Carolina, donde el hombre le dio unas pastillas y le dijo: "Te las tomas o te mato". A preguntas del juez Fusté y de la fiscal Jenifer Yois Hernández aclaró que aunque se las tomó, nunca perdió el conocimiento y se mantuvo alerta.

Explicó que al llegar al cajero, el asaltante se puso guantes y una gorra y vio que en su cuenta había $42, por lo que reaccionó "molesto". Entonces declaró que la llevó a un lugar rocoso y la violó. "Me dijo que como no tenía mucho dinero en la cuenta, le tenía que pagar de esa manera", declaró entre lágrimas.

Después de la agresión, sostuvo que le pidió que la dejara y se fuera en el carro, pero el hombre la mantuvo amenazada, detuvo la marcha para reabastecer de gasolina el carro y luego la condujo al motel Rodríguez, en Bayamón, donde la llevó a una habitación y la agredió sexualmente por segunda ocasión.

Antes, precisó que le preguntó si sus padres podrían preocuparse porque ya era tarde y le ordenó que los llamara por teléfono. Sin embargo, le advirtió que no actuara nerviosa porque "si decía algo y la Policía venía, habría una persecución y se formaría un tiroteo porque se iba a defender".

Relató que llamó a su mamá y le dijo que ya iba de camino, que no se preocupara. Indicó que escuchó que su madre estaba con agentes, que la estaban buscando, pero le dijo a su progenitora que perdonara si la había despertado y que se acostara a dormir.

En la sala judicial, la joven relató detalles sobre el ultraje al que la sometió el acusado en el motel donde pudo ver su rostro, así como un tatuaje. Cuando la sacó del motel, la testigo explicó que el hombre le preguntaba cómo iba a estar seguro de que ella no diría nada a nadie. Ella señaló que le respondió que no quería escándalos y que no se lo diría a nadie.

"Me dijo perdón, que él no quería hacer esto… Yo le dije que estaba bien…y le dije que no le diría (a nadie). Le di mi mano como dándole mi palabra", sostuvo. La testigo agregó que finalmente el acusado la abandonó en una calle al lado de los carriles elevados de la avenida Baldorioty de Castro, cerca del residencial Luis Lloréns Torres, entonces pudo llamar por teléfono a su mamá.

La primera víctima, una mujer de 28 años, que tenía seis meses de embarazo al ser asaltada, declaró que el 30 de junio pasado conducía el carro de su esposo, un Dodge Caliber, por un área cercana a su hogar en San Juan, buscando estacionamiento.

A preguntas de la fiscal Kelly Zenón, relató que se estacionó, apagó el vehículo y "cuando me voy a bajar, me encuentro con este sujeto que me está apuntando (con un arma) en la cara".

La fémina, quien tiene un hijo de apenas dos semanas de nacido, narró que el asaltante -a quien identificó en sala como Cano Lloréns- le insistía que se moviera al asiento del pasajero. Entonces, dijo que soltó sus pertenencias para que el desconocido se llevara su cartera y el auto, pero "él se molestó más, fue más insistente y rudo".

Alegó que el acusado le preguntó cuánto dinero tenía y le dijo que $5, por lo que se molestó de nuevo y le preguntó si tenía su tarjeta de débito o si también se le había quedado. Explicó que le respondió en la afirmativa. Cuando la fiscal le preguntó por qué seguía las instrucciones del asaltante, la testigo contestó: "Porque me estaba amenazando de muerte, me sentía amenazada con el arma en mi cara".

Contó que en un momento le puso el arma en el cuello y le pidió que no le hiciera nada porque estaba embarazada. Entonces, dijo que el hombre le respondió que "cooperara para que él pudiera cooperar y pudiera ver a mi hijo nacer".

"Él trataba de tranquilizarme, diciéndome que no me haría daño, que si cooperaba, él cooperaría. Yo estaba muy nerviosa. El estrés se pasó al bebé. Podía sentir al bebé moviéndose mucho y empecé a sentirme mal", declaró.

Relató que llevaba su tarjeta de débito en la mano, hasta que llegaron al Banco Popular de la avenida Isla Verde, donde el hombre la tomó y retiró $500 de su cuenta. Después, según declaró la perjudicada, el pistolero condujo hasta Santurce y se estacionó.

"Me tocó mi vagina, mi vientre… Me preguntó si estaba asustada. Lo pensé y le dije que sí…Le volví a pedir que no me hiciera nada, que estaba embarazada. Le pedí que no me violara. Me dijo que no iba a hacer eso y prendió el carro y siguió guiando. Le dije que ya había cooperado, que cuándo se iba a acabar y que me estaba empezando a sentir mal. Me volvió a decir que me relajara, que pronto se iba a acabar", declaró. Agregó que finalmente, se estacionó cerca de un restaurante de comida rápida aledaño a la avenida Baldorioty de Castro, cercano al residencial Luis Lloréns Torres y eventualmente se alejó.

Sin embargo, antes de marcharse, el asaltante le dijo que no fuera a la Policía, ni le dijera lo ocurrido a su esposo, aunque sabía que lo iba hacer, pero le recordó que tenía un arma, que no mirara por los espejos, que prendiera las luces del auto, una vez saliera de vuelta a la avenida. Además, le insistió que sabía dónde vivía y que estaría "merodeando" el área para ver que no fuera a la Policía.

El abogado Héctor Ramos, de la Oficina del Defensor Público federal, le preguntó si el arma con la que le apuntó su representado era pistola o revólver y la mujer respondió: "Me da igual lo que sea, si es revólver o pistola". Mas destacó que era un revólver porque tenía un cilindro y que luego del incidente, buscó cuál era la diferencia entre ambos.

La otra víctima, de 48 años, declaró en el juicio que salió el 11 de julio a las 10:30 p.m. del hotel en el que trabaja, en El Condado, y se detuvo a echarle gasolina a su vehículo en una estación en la calle Loíza, en Santurce.

Después dijo que movió su carro Mitsubishi Lancer hacia la bomba de aire para llenar una goma. Relató que mientras buscaba cambio para echar unas monedas y activar la bomba “alguien viene por el lado del pasajero, un señor con un arma y me dijo que esto era un asalto, que abriera la puerta”.

“Tuve problemas al abrir las puertas. Estaba nerviosa. Me dijo que avanzara o que me dispararía", sostuvo al describir el arma como una pistola negra, "como la que usan los policías".

Testificó que acto seguido el asaltante abordó el vehículo por el lado del pasajero y le apuntó con el arma por las costillas. Agregó que le ordenó que arrancara y que se dirigiera al Banco Popular de Isla Verde. Explicó que en el trayecto le preguntó cuánto dinero tenía y ella contestó que desconocía.

"Seguí sus instrucciones porque amenazó con matarme con la pistola… Estaba bien nerviosa. Temí por mivida. No sabía si iba a violarme o a matarme. Me amenazó que iba a dispararme", manifestó la mujer identificada como víctima 2.

Explicó que en su cuenta bancaria tenía $60.19. Agregó que el pistolero le instruyó que sacara $60 y "que me quedara con el resto". Después de tomar el dinero, se alejó en un lugar cercano al residencial Luis Lloréns Torres.

Las fiscales sometieron su caso, por lo que mañana, jueves, se le impartirán las instrucciones al jurado -compuesto por siete mujeres y siete hombres, incluyendo dos suplentes-, luego las partes ofrecerán sus informes finales y se retirarían a deliberar.

Cruz Rivera se declaró culpable por tres casos de carjacking y será sentenciado el 14 de enero de 2016. El juicio es por el resto de los cargos en su contra, por usar un arma de fuego durante la comisión de los delitos y por portar un arma, cuando es una persona con convicciones previas.

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