Un turista que disfrutaba de las bellezas naturales y las atractivas ofertas del hotel El Conquistador en Fajardo, se topó con un cuerpo dentro de una bolsa que flotaba en las inmediaciones de la isla de Palomino, en donde son llevados a disfrutar del mar los huéspedes de este hotel.
Qué habrá pensado este caballero sobre nuestro país, en donde de la forma más inesperada se puede topar uno con un cadáver, mientras creía que estaba sano y a salvo disfrutando de unas vacaciones. Sería bueno poder conocer si este turista volvería a escoger nuestro país como destino para su descanso y disfrute.
Son estas algunas de las consecuencias negativas para la economía puertorriqueña, para poder mercadear la isla como un destino completamente adecuado para los viajeros.
Muy a pesar de todo el mundo, la incidencia de crímenes violentos va en escalada a una velocidad que no ha podido ser controlada ni por las ofertas de cambio, ni por los pasos que se dan en la Policía para enfrentarlo. Tener reportados 198 asesinatos en 82 días, en lo que va de este año 2009, es razón para actuar en lugar de estar buscando excusas para explicarlos, que se esté trabajando en la calle para frenarlos.
Imaginamos que los ciudadanos esperarían ver a la alta oficialidad de la Policía, empezando por el superintendente José Figueroa Sancha, en la calle, conociendo de cerca la realidad a la que le ha tocado enfrentarse una vez aceptó y fue confirmado en su cargo. Inquieta saber que las personas que están en la Policía –sus funcionarios– no se mueven al ritmo que los problemas de la seguridad en el país les requieren. Al menos, ésa es la impresión que están dando.
Una cosa es tener el poder y los recursos, y otra es saber qué hacer con ellos. Tal vez hay excusas de sobra, como siempre las ha habido, para responder a los reclamos de que es necesario frenar los asesinatos, pero el momento de actuar ha llegado. Las herramientas existen, el respaldo de la Rama Ejecutiva también, al parecer lo que hace falta son ganas de hacerle frente a quienes se supone no deben ser más astutos ni más agresivos que los que trabajan del lado del bien.